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Memorias del Río Cayapas. Una ruta ancestral
Memorias del Río Cayapas. Una ruta ancestral
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Breve historia del río Cayapas
Según los esposos e investigadores Alfredo y Piedad Costales los chachis pertenecen a la familia etnolingüística shillipanu en la cual se incluyen los Awa Koaiquer, Tsáchilas y A’i (Cofanes). Marshall Saville supuso que por la cercanía de los chachis, llamados en esa época ‘Cayapas’, eran estos los descendientes de la cultura La Tolita; para determinar ello contrató al antropólogo estadounidense Samuel Barret quien tuvo que convivir con los chachis. Para descifrar esta inquietud de Saville, subió por el río Cayapas en 1909 apoyándose en un mapa realizado por el ingeniero peruano S
Barret al analizar la tradición oral Chachi descubrió que este grupo humano mencionaba que su origen provenía de la provincia de Imbabura y que debido a una invasión atravesaron selva y montañas andinas para llegar al río Cayapas en los Siglos XV o XVI pues aún no se sabe si su huída se debió a la invasión incásica o la conquista española. En un canto de curación de un shamán (mirucula en cha’apalachi) registrado en la década de los 80 por un estudiante de antropología de la PUCE en las cabeceras del río Cayapas el hombre-medicina mencionó entre los seres de poder de su cántico al volcán Cotacachi localizado en la provincia de Imbabura.
La balsa comercial que dibuja José Cardero en 1790 al igual que la balsa correspondiente al libro Voyage de Humboldt & Bondpland en la rada de Guayaquil a principios del siglo XIX provenía de La Tolita y se supone que era muy parecida a las balsas que utilizaban para el intercambio comercial por alta mar las culturas Manteño-Huancavilca y Jama-Coaque, esta última relacionada culturalmente y comercialmente con La Tolita en su fase final.
Los primeros mercedarios descendieron por el río Cayapas hasta el Océano Pacífico, cruzaron selva y manglares hasta llegar a Atacames.
Los embates de la destrucción ambiental, la transculturación y aculturación, junto con una evidente contaminación de los cuerpos de agua, están logrando lo que por siglos no pudieron esclavistas, religiosos, colonos, buscadores de oro, y ciertas políticas estatales de anteriores gobiernos que llevaron a las escuelas y colegios una educación nada acorde con su realidad cultural y cosmovisión. Los Chachis mantienen vivo su idioma el cha’apalachi, que les permite a partir de su estructura mental y pensamiento formular su cosmovisión y valiosa cultura.
La Mache-Chindul es una zona que también por los actuales embates destructivos de los monocultivos, presiones agrícolas, turismo, entre otros, entra en una lista de zonas en peligro por la afectación a su ecosistema y la cultura de los pueblos que allí habitan.
Los Épera tienen actualmente tres comunidades y en ellas se habla siapedee, palabra que significa: Caña Brava. En sus comunidades reproducen las costumbres de un pueblo de largo ancestro silvícola y están plenamente adaptados llegando a intercambiar productos con sus vecinos chachis, afros y comercializando su producción artesanal y agrícola en el mayor puerto fluvial del río Cayapas que es la ciudad de Borbón.
Ahora tenemos chachis, éperas y afros conviviendo con un pueblo mestizo en expansión y enriqueciendo la cultura nacional.
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